Manual de compras
Aireadores de praderas
La producción de un forraje de calidad cumple con varios criterios: combinar al mismo tiempo valor nutritivo, apetencia y calidad digestiva requeridos para las necesidades del rebaño, y así satisfacer los imperativos de rendimiento. Encontrar este equilibrio es algo muy técnico. No solo necesita la implementación de prácticas agrícolas adaptadas sino también la capacidad de respuesta a las diferentes externalidades que deterioran la composición de las praderas.
Consciente de esta realidad y de las consecuencias financieras que puede acarrear dicha degradación, JOSKIN desarrolló una gama completa de herramientas para cuidar y mantener las praderas y así garantizar a los agricultores la producción de un pasto de calidad en cantidad suficiente.
Elegir un equipamiento no es sencillo para nada, el objetivo de este manual es ayudarle a definir la herramienta que podrá atender mejor sus necesidades según las características de su pradera y los daños encontrados.
¿Cuáles son los factores de degradación de una pradera?
La flora es un indicador importante del estado de una pradera. La cobertura tiene que ser idealmente homogénea y su composición permanente aproximarse a:
- 70 % de buenas gramíneas para garantizar una hierba densa y productiva;
- entre 10 y 20 % de leguminosas para mejorar la calidad del forraje;
- un máximo de 10 % de otras plantas para que el forraje sea apetecible.
Sin embargo, varios riesgos pueden provocar el fallo de este equilibrio y así empeorar el prado:
- las boñigas
- la espuma
- las toperas
- el hundimiento del suelo
- la aparición de un fieltrado, hierbas muertas, malas hierbas, una costra de apelmazamiento etc.
- los daños causados por los jabalíes
- agujeros en la cobertura
- zonas de residuos
Con fin de evitar un desequilibrio, cabe actuar rápidamente y apropiadamente. Es entonces útil entender el funcionamiento de una grada con fin de determinar el modelo que sea el más adaptado.
¿Cómo funciona una grada?
La gran ventaja de las gradas JOSKIN es su capacidad a satisfacer eficientemente los diferentes casos encontrados. Aunque todos nuestros modelos son ya desde el principio multifuncionales, cada uno fue desarrollado específicamente y así puede ser más preciso para reparar algunos tipos de daños, en función de la intensidad y frecuencia de aparición de esos.
La acción específica de cada uno de nuestros aireadores resulta de la combinación de 5 factores:
¿Cómo elegir el aireador más apropiado?
A la hora de elegir un modelo de aireador, es importante identificar claramente sus necesidades. La solución más adecuada para ello es determinar qué acciones correctivas hay que tomar para restablecer el equilibrio en la pradera. Para facilitar la elección, JOSKIN ha desarrollado un manual que compara fácilmente las condiciones encontradas en una explotación con las especificidades de los diferentes productos de la gama de aireadores JOSKIN. ¡En sólo 10 clics, esta herramienta le permitirá encontrar el aireador más adecuado!
Las boñigas presentes en los prados son elementos fertilizantes que pueden estar fácilmente rentabilizados. Las vacas lecheras utilizan solo una pequeña parte del material que comen y devuelven una otra parte en el prado, lo que crea zonas altamente concentradas en sustancias minerales. Por desgracia, estas zonas se reparten irregularmente en el pasto. Si el agricultor no hace nada, no solo el olor emitido por las vacas puede crear zonas de residuos sino también aumenta el riesgo de formación de vacíos que asfixian las buenas gramíneas. Esos hoyos serán después rápidamente llenados por las malas hierbas. Cabe romper y dispersar las gobargás en la pradera con fin de repartir de manera homogénea el valor fertilizante en el suelo. El proceso puede llevarse a cabo durante todo el año. Sin embargo, se recomienda esparcir las deyecciones animales en un pastizal corto justo antes de un período lluvioso para que la hierba sea rápidamente "limpiada" y así no pierda su apetencia.
El musgo tiende generalmente a extenderse masivamente en los suelos que tienen un pH demasiado ácido. Se multiplica también en las zonas muy sombreadas del prado o en las zonas que sufren de una mala aireación del suelo, lo que hace que la tierra queda constantemente demasiado pesada y húmeda. El arranque de esto musgo es bastante sencillo y se hace raspando mecánicamente el suelo superficial con dientes relativamente flexibles. Se aconseja mucho esta operación para que la pradera respire y aumente su tasa de nitrificación y así pueda reunir las condiciones necesarias para el desarrollo de las hierbas útiles.
Cuanto más la tierra está llena de lombrices y otros microorganismos, más susceptible es de interesar a los topos. Lamentablemente, esta colonización de tierras tiene como consecuencia la aparición repetida de toperas en superficie. Arrasar esos montículos con raspadores semirrígidos es entonces aún mas recomendable. Esta solución permite nivelar el suelo para evitar un desgaste prematuro de los cuchillos de la segadora, pero también una contaminación del forraje por las proyecciones de tierra durante el secado del heno. Si la tierra de las toperas, una vez extendida en el terreno, representa casi la mitad de su superficie, es aconsejable seguir con una operación de sobresembrado evitando así que las superficies no estén invadidas por organismos indeseables.
En un cultivo la estructura del suelo está agredida constantemente. Que se trate de intemperies, del pisoteo del pasto, o incluso del paso repetido de las máquinas agrícolas, todas esas causas provocan una compactación inevitable del suelo y de su estructura. En otoño (después del pasto) y en primavera, es necesario airearlo profundamente (> 3 cm) arañándolo más fuerte de lo habitual con dientes rígidos provistos con rejas. El proceso permite que la tierra recupere una estructura arenosa y tenga así una buena circulación del agua y aire, lo que favorece el calentamiento del suelo y estimula su actividad biológica natural. Dicha práctica mejora mucho el rendimiento del prado y permite obtener un forraje más denso y de mejor calidad.
Se trata de una operación decisiva para la buena salud de una pradera. Ésta se realiza por un marcado suave de los primeros centímetros del suelo hecho con una sucesión de dientes flexibles que vibran como consecuencia del contacto con el suelo. Esta acción garantiza arrancar mecánicamente las malas hierbas en curso de germinación o ya levantadas para limitar su progresión en el cultivo. La escarificación de una pradera garantiza también el rastrillado del conjunto de residuos orgánicos (hierbas muertas, hojas etc.) que se mezclaron con la hierba. Esta capa nefasta asfixia no solo las raíces sanas sino impide también que el agua fluye en el suelo, y eso favorece entonces la aparición de musgo. Un desfieltrado regular permite una mejor aireación de la tierra así como un fortalecimiento de la hierba deseada.
En el mismo principio el paso de una grada permite quitar aún más la costra de apelmazamiento formándose en la superficie del suelo debido a lluvias fuertes seguidas por un periodo seco. Si la costra compacta no está rota, impermeabiliza el suelo y favorece el estancamiento del agua superficial en caso de condiciones meteorológicas desfavorables, con lo cual existe el riesgo de ahogar la flora. Una última ventaja de la escarificación es el papel que desempaña para realizar una sobresembradora. El marcado por las dientes flexibles permite de hecho romper los cepellones de tierra y generar tierra fina fundamental para la germinación de las semillas, asegurando así una nivelación ligera de la superficie del suelo.
Aunque los topos son responsables del desnivel leve de la superficie del suelo, otro animal deteriora aún más los terrenos: el jabalí. Según sus necesidades tiene el hábito de remover con su hocico zonas más o menos grandes buscando así comida (lombrices, roedores, insectos etc.). Puede deteriorar la tierra haciendo agujeros hasta 5 cm. Los efectos pueden ser muy perjudiciales para el agricultor: las zonas desnudas significan una pérdida de rendimiento más o menos importante y permiten el desarrollo de malas hierbas invasivas como los cardos o las rumex. El cambio de relieve del suelo frena y hace incómodo e impreciso el trabajo mecánico de las máquinas y maximiza los riesgos de cosechas de tierra en el forraje. Así hay más riesgos que las piedras suban a la superficie, provocando un peligro de desgaste prematuro del material incluso de rotura. Para evitarlo cabe arreglar las zonas dañadas por los jabalíes lo antes posible. Dicha reparación se hará en tiempo seco y necesitará un raspado del suelo por una lámina robusta que está montada en una armadura semirrígida.
Dado sus varias agresiones la capa de una pradera no salga de una temporada entera sin heridas. De hecho, es frecuente que se note una pérdida homogénea de la densidad de hierba o que aparezca zonas vacías más o menos grandes, lo cual ocasiona una pérdida de rendimiento. Según la proporción de buenas gramíneas que quedan (al menos 30 %), se puede considerar un nuevo recubrimiento. Éste consiste en completar la flora existente, introduciendo una selección de especies que mejoran la calidad y germinan rápidamente en los agujeros, antes de que estén naturalmente eliminados por especies indeseadas. La ventaja de la sobresembradora es poder mantener una producción conservando la mayoría de la vegetación en esa zona durante el proceso. Sin embargo cabe reunir dos elementos imprescindibles: un marcado previo del suelo para eliminar los organismos indeseables y, ante todo, un nido de tierras finas necesario para las nuevas semillas (lo más rentable es equipar directamente su grada con una sembradora). El suelo tendrá también que ser suficientemente calentado y húmedo para que la germinación sea rápida. El sobresembrado se hará entonces en primavera o a finales del verano a fin de que las plantas puedan alcanzar un estado bastante avanzado para resistir a las primeras sequías o primeras heladas. En su caso, puede ser sensato aprovechar el pisoteo de los animales para completar el procedimiento para maximizar el contacto de las semillas con la tierra.
Debido a su campo de acción específico, nuestras gradas están fabricadas para utilizarse en combinación con tractores apropiados. Tienen por consiguiente un sistema de enganche dentro del chasis compatible con esos tractores. El tipo de enganche de su tractor reviste también cierta importancia.
Como todo material agrícola una grada consiste en una inversión y por lo tanto se somete a imperativos de rentabilidad. Su anchura es un criterio importante a la hora de seleccionar máquinas. La grada tendrá que ser ajustada a la superficie del terreno. Si tiene una anchura adecuada, tendrá que pasar mucho menos para cubrir la misma superficie que un modelo de máquina de talla inferior. La reparación de la pradera por hectárea será por consiguiente menos onerosa. Además cada herramienta trabajará también menos, lo cual significa un desgaste menos rápido.
La potencia de su tractor es otro criterio importante. Las gradas tienen de hecho cierto peso. Además, según el tipo de tarea que se debe realizar, la profundidad del trabajo y la naturaleza del terreno, estas máquinas necesitarán una fuerza de tracción adaptada.